La agudeza, profundidad y suspicacia que Oppenheimer pone en evidencia en cada una de las revelaciones expuestas en este libro y en específico en este capítulo, me permiten analizar y recapacitar sobre cada uno de los datos que este ilustre periodista ha obtenido de primera fuente en sus tantos viajes al país asiático. Y cómo no involucrase de lleno en algo que se quiera o no, es de nuestra plena competencia e incumbencia, y más aún, cuando alguien desea ver a su país salir de ese subdesarrollo en el que se encuentra escondido.
El desarrollo y crecimiento a pasos agigantados de China ya no es sorpresa, y no sólo la ubican dentro de la carrera hacia la competitividad capitalista, sino que además la ubican como candidata a ganarla. Actualmente, China no se jacta de sus logros para hacerse propaganda ante el mundo, al contrario con mucho disimulo, reserva e inteligencia procura minimizar al máximo sus logros, y es así que hasta el momento va acumulando riqueza y fomentando un dinamismo sostenible para su economía.
Este gigante asiático ya no es sólo ese gran país con una numerosa población que postula a ser la próxima potencia por encima de los Estados Unidos y que actualmente se encuentra en pleno proceso de expansión capitalista, ahora hace temblar a los grandes y tambalear a los pequeños, es justamente por ello que el destino de China compete y preocupa a Latinoamérica y por ende a nuestro querido Perú.
Ante la realidad, contexto y circunstancias no podemos hacernos de la vista gorda y actuar como si fuéramos ajenos a todo esto. Desde los funcionarios más altos, hasta el simple vendedor de golosinas se pueden ver “beneficiados” o “perjudicados” con los alcances y logros de este gigante asiático, ya que resulta importante recordar que la ideología y corrupción China vienen incluidas en el paquete.
Todos tenemos conocimiento que el Perú es un país rico en materia prima y lamentablemente posee dependencia significativa de ésta, como se expone en este capítulo, si esto continúa así, el nivel de desarrollo competitivo llegará, pero en más de 150 años, pero nunca estará a la altura de las grandes economías. Así, dependerá de nosotros el camino a seguir, los resultados a alcanzar y las penas que lamentar.

